Roble de la Nava o de la Maribela
Históricamente, la baja altura de sus ramas convirtió a este roble melojo en el “recolgaero” de los niños locales por su cercanía al suelo.

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Es otro de esos venerables abuelos del geoparque Villuercas Ibores Jara que te hacen entender, sin necesidad de muchas explicaciones, lo que significa la palabra resiliencia. Este ejemplar de roble melojo (Quercus pyrenaica) lleva unos 400 años plantado en su sitio, así que ya estaba allí echando raíces justo cuando se moceaban Shakespeare, Cervantes o Galileo Galilei.

Lo curioso de este ejemplar no es solo su envergadura, que ya impresiona, sino cómo ha resistido en un entorno donde la mano del hombre ha sido constante. Sus ramas se retuercen buscando la luz de una forma que nos habla de resiliencia pura.

Si te acercas, fíjate en su corteza hendida; es un pequeño ecosistema que da cobijo a una biodiversidad que pasa desapercibida para el ojo apresurado.

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