Castillo de Monfragüe
Desde su castillo te asomas a Monfragüe entero, infinito el horizonte, el sonido del vuelo de los buitres leonados, la alfombra de bosque mediterráneo que se extiende a tus pies... mindfulness total.

Subir al castillo de Monfragüe es descubrir lo que es el verdadero poderío. Puedes llegar en coche hasta el aparcamiento y subir un pequeño tramo, con bastantes escaleras, eso sí, o hacerlo a lo grande, por el sendero de la Umbría (ruta Roja del parque nacional) que une la fuente del Francés con el castillo.

Una vez arriba tienes varias opciones; subir a la torre para vivir un auténtico espectáculo natural, con los buitres leonados volando por encima o por debajo de ti, visitar su ermita encalada o asomarte al abismo desde el mirador con vistas a Peña Falcón y el río Tajo. Generalmente recomendamos hacer las tres, sin prisas y con los ojos bien abiertos. Por algo estás en el techo del parque nacional.

Y ojo, si vienes en noche de tormenta, igual te cruzas con el fantasma de la princesa Noeima, que sigue llorando por las esquinas del castillo tras una historia de amor prohibido que acabó como el rosario de la aurora.

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