Ecomuseo tío Cáscoles
Por mucho que te lo cuenten no te harás una idea. Entra y revive como se vivía en una casa humilde hace un siglo. No esperes pladur, encimera de Silestone o cocina abierta con el salón, aquí verás autenticidad y homenaje a la sencillez.

No es ir a un museo, es meterte en la casa de tus bisabuelos mientras andan despistados dándoles de comer a las gallinas. Tal cual.

En Romangordo no han montado el decorado para una serie de la HBO; han salvado una vivienda tradicional de principios del XX con todo su orgullo de adobe, madera y pizarra.

¿Notas ese olor a frío limpio y a humo de encina que parece impregnado en las vigas? Sí, es lo que fuimos. A través de sus estancias, ves cómo la arquitectura popular se las apañaba con lo justo: el pajar para la mula, la mini alcoba o esa cocina en el primer piso que era el verdadero motor de la casa. Los que pasan por aquí siempre dicen lo mismo: «¡Si es que parece que van a entrar por la puerta ahora mismo!».

Un rincón honesto en la reserva de la biosfera de Monfragüe que te explica cómo se vivía antes de que la prisa lo rompiera todo. Un homenaje a la sencillez, a la vida de otra forma.

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