Hay viajes que atraviesan un territorio. Y luego están los que atraviesan millones de años.
Este empieza entre encinas y alcornoques, con rapaces sobrevolando la dehesa y el Tajo todavía cerca. Después, la carretera empieza a subir, las montañas se pliegan y el paisaje se convierte en una especie de manual de geología a tamaño natural.
No hace falta saberse los nombres de todos los sinclinales, anticlinales e icnofósiles. Basta con mirar. Y parar. Y volver a mirar.
Dos días para descubrir cómo se hicieron las montañas, cómo llegaron los primeros pobladores y por qué aquí hasta una piedra tiene algo que contar. Primero fue la tierra. Después llegamos nosotros.