Dos días entre dólmenes, pueblos de frontera y paisajes que aprendieron hace siglos que una raya también puede unir.
Hay fronteras que separan. Y luego está La Raya, donde durante siglos portugueses y españoles aprendieron a vivir mirándose a ambos lados de la misma línea.
Esta escapada entra en el territorio por Valencia de Alcántara, entre calles medievales, cultura sefardí, dólmenes y dehesas, para continuar hacia el Tajo y sus pueblos de frontera.
Aquí no hace falta correr. La carretera se abre entre encinas, las paredes empiezan a contar cosas y el paisaje, por lo bajini, va ganando terreno.
Dos días, mucha piedra, bastante amarillo, verde y alguna que otra razón para bajarse del coche.