Barco de Ceclavín - Canchos de Ramiro
Una incursión fluvial por el corazón de la cuarcita armoricana. Entre buitres y paredes de cuarcita, el Alagón te regala un paisaje primitivo. Pero sin olvidarse de visitas cercanas a Zarza la Mayor o Alcántara.

Hablemos del río Alagón, el gran afluente del Tajo. Hay un barco que sale de Ceclavín hacia los canchos de Ramiro que es, básicamente, el secreto mejor guardado de esta frontera.

Olvida esos cruceros de lujo con buffet libre y señores en bañador; esto es una balsa de calma que se mete con gran elegancia entre crestones de cuarcita armoricana.

Cuando el barco se aproxima a los canchos, la geología deja de hacerse la simpática y se pone seria. Te encuentras con una brecha natural tan imponente que te hace sentir diminuto, casi una hormiga con problemas de visión. Es ese relieve que se formó en el Ordovícico inferior y que decidió que el Alagón tenía que estrecharse sí o sí para poder pasar.

Si agudizas la vista (y dejas el móvil en el fondo de la mochila, por favor), pillarás el vuelo rasante de cientos de buitres leonados. Y si aguzas más, quizás veas al alimoche, ese aristócrata de la carroña con su perfil inconfundible, sobrevolando un paisaje que huele a jara y a río.

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