- 2 días
- 129 / 73 km.
- En coche / Moto
Hay viajes que atraviesan un territorio. Y luego están los que atraviesan millones de años.
Este empieza entre encinas y alcornoques, con rapaces sobrevolando la dehesa y el Tajo todavía cerca. Después, la carretera empieza a subir, las montañas se pliegan y el paisaje se convierte en una especie de manual de geología a tamaño natural.
No hace falta saberse los nombres de todos los sinclinales, anticlinales e icnofósiles. Basta con mirar. Y parar. Y volver a mirar.
Dos días para ir de Monfragüe a Guadalupe pasando de una reserva de la biosfera a un geoparque mundial de la UNESCO. 450 millones de años. Y todavía hay quien piensa que viene solo a dar una vuelta en coche. Y sí: también se come.
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➸ DÍA 01 (129 km.) · Ver mapa
Malpartida de Plasencia → Toril → Saucedilla → Romangordo → Cabañas del Castillo
➸ DÍA 02 (73 km.) · Ver mapa
Cabañas del Castillo → Berzocana → Cañamero → Guadalupe

Malpartida de Plasencia y la princesa vetona
Empezamos donde termina la escapada anterior y donde empieza esta. Malpartida de Plasencia es una de las puertas de entrada/salida del mundo Monfragüe y un buen punto de partida para entender lo que viene. Aquí todavía estamos en la dehesa, pero las montañas ya empiezan a insinuarse en el horizonte. → TOP: acércate al cerro de los Castillejos, allí encontrarás un yacimento, una tumba y una princesa particular.

Toril y el Pórtico de Monfragüe
Primera parada: Toril. En el centro de interpretación Pórtico de Monfragüe podemos descubrir cómo funciona este ecosistema que parece sencillo hasta que uno empieza a indagar. Dehesa, ganadería, biodiversidad y paisaje forman aquí una misma cosa. Y si después de la visita sigues viendo una encina como una encina, tendrías que mirártelo. → TOP: aprovecha que estás en Toril para comer un cocido. En el bar San Blas tienen el don de hacerlo bien. Francamente bien.

Saucedilla y Arrocampo
La carretera continúa hacia Saucedilla y el embalse de Arrocampo, uno de los grandes puntos de observación de aves acuáticas del entorno. Garzas, cormoranes, somormujos y otras especies convierten este paisaje de agua en otro de los escenarios ornitológicos de la Monfragüe. → TOP: lleva prismáticos. En esta etapa los vas a amortizar.

De día se ve el paisaje. De noche, el universo
Aquí conviene hacer una parada diferente. El mirador celeste de los Huertos, en Serrejón, ofrece unas magníficas vistas sobre el pueblo y la sierra de Gredos, pero su verdadera vocación aparece cuando cae la noche. Forma parte de la red de miradores celestes de Extremadura y se encuentra dentro del Destino Starlight de Monfragüe. Su mesa iluminada muestra el cielo según la época del año.

El pueblo que decidió pintar sus paredes, Romangordo
Romangordo es famoso por sus trampantojos, murales que convierten puertas, fachadas y rincones cotidianos en pequeñas historias de la vida rural. La gracia está precisamente en eso: caminar sin saber muy bien qué es real y qué no. Una puerta puede ser una puerta. O puede no serlo. → TOP: el ecomuseo Casa del tío Cáscoles, la iglesia de Santa Catalina, la Casa de los Aromas o el árbol singular del Venero son los imperdibles de Romangordo. Uno por uno.

La apicultura en Higuera de Albalat
Si te decimos que vamos a visitar un centro de interpretación, quizá imagines paneles, vitrinas y una mascota triste en forma de abeja. Pues no. El centro de actividades sobre las Abejas y la Biodiversidad (CASAB) propone precisamente lo contrario: ponerse el traje de apicultor, fabricar velas con cera, descubrir cómo se organiza una colmena y aprender a distinguir los diferentes tipos de miel. Y sí, hay una colmena real detrás de un cristal. → TOP: especialmente recomendable si viajas con niños. Saldrás mirando las flores —y a las abejas— de otra manera.

Hacia el Geoparque
A partir de Romangordo el viaje entra en otra dimensión. La dehesa va dando paso a un relieve más marcado y la carretera empieza a enseñarnos la gran protagonista de los próximos kilómetros: el paisaje apalachense. Aquí comienza oficialmente el gran viaje por el geopaque. → TOP: no tengas tanta prisa por llegar a la siguiente parada. Este tramo es parte de la experiencia.

El mirador que se vino arriba
Llegamos a Cabañas del Castillo y toca mirar hacia arriba. El castillo se encuentra en lo alto de un impresionante promontorio rocoso y ofrece una de las grandes panorámicas del geoparque. Desde aquí se entiende mucho mejor ese paisaje de montañas paralelas, valles y crestas que recuerda al relieve de los apalaches. Subir cuesta un poco. Pero las vistas también. → TOP: el castillo de Cabañas es uno de los cinco grandes geositios del geoparque.
UN FINAL
Aquí termina el primer día. Después de aves, dehesas, arte urbano y montañas, toca descansar. Porque mañana la carretera seguirá entrando en el geoparque y nos llevará hacia uno de sus grandes capítulos: los primeros pobladores, las pinturas rupestres, la geología y Guadalupe. Y todavía no hemos llegado a lo más antiguo.

Cabañas del Castillo
El segundo día empieza arriba, literalmente. Desde el castillo de Cabañas tenemos una de esas panorámicas que ayudan a entender qué significa eso de relieve apalachense: largas alineaciones de montañas, valles paralelos y crestas de cuarcita que parecen repetirse hasta el horizonte. No hace falta ir a Estados Unidos, por favor. Los apalaches están aquí. → TOP: si ayer no subiste al castillo, este es el momento. Es una de las grandes vistas del recorrido.

La Tierra lleva 450 millones de años hablando
Seguimos hacia Berzocana y el viaje vuelve a retroceder en el tiempo. Aquí el paisaje permite leer la historia geológica del territorio, pero también la humana. El Cancho de la Sábana conserva pinturas rupestres que nos recuerdan que hubo habitantes mucho antes de que nosotros llegáramos con cámara y batería al 12 %. → TOP: acércate a los dos árboles singulares de la localidad: el mesto de la dehesa y el roble de la Nava.

Mina Costanaza · Logrosán
Si hasta ahora hemos estado leyendo el paisaje desde fuera, aquí vamos a entrar directamente en él. La mina Costanaza es una antigua explotación minera de fosforita y casiterita y una de las grandes experiencias geológicas del geoparque. La visita permite recorrer sus galerías y bajar en una vagoneta real para descubrir cómo se trabajaba bajo tierra. → TOP: sube al cerro de San Cristóbal para observar el cielo nocturno. El mirador celeste Roso de Luna te espera.

Cañamero y la cueva Chiquita
Cañamero es otra de las grandes puertas del geoparque y aquí la historia vuelve a esconderse bajo las rocas. La cueva Chiquita conserva pinturas rupestres y ofrece otra mirada a los primeros pobladores del territorio. Miles de años después seguimos haciendo básicamente lo mismo: dejar mensajes en las paredes. Aunque ahora les llamamos stories. → TOP: Si buscas algo todavía más natural, seguimos hasta el cercano Charco de la Nutria (a 200 m.), una piscina natural encajada en el desfiladero del Ruecas. Baño + prehistoria: plan difícil de mejorar.

Playa del Cancho del Fresno
Si es verano, la siguiente parada pide pocas explicaciones. La playa del embalse de Cancho del Fresno, en Cañamero, tiene aguas tranquilas, arena y unas vistas espectaculares del paisaje apalachense, con el pico Villuercas al fondo. Aquí puedes simplemente bañarte. También puedes practicar paddle surf, kayak o hacer la ruta de Isabel la Católica. Pero no vamos a juzgar a quien prefiera tumbarse.

Camino de Guadalupe
Últimos kilómetros. La carretera continúa entre montañas, valles y bosques hasta acercarnos a Guadalupe. El relieve se suaviza, pero el paisaje no pierde intensidad. Y llegamos a Guadalupe. Después de dos días mirando dehesas, estrellas, aves, pinturas, minerales y montañas, aparece uno de los grandes conjuntos patrimoniales de Extremadura: el Real Monasterio de Santa María de Guadalupe, Patrimonio Mundial de la UNESCO. Pero el destino no es solo el monasterio. La Puebla de Guadalupe, sus calles, soportales y casas tradicionales forman parte del premio.
UN FINAL
Aquí termina la escapada 4. Después de dos jornadas entre dehesas, estrellas, aves, pinturas rupestres, minas, agua y montañas, llegamos a Guadalupe. El paisaje ha contado una historia de millones de años y nosotros apenas hemos necesitado dos días para recorrerla. Y ahora sí, toca descansar. Aunque, viendo todo lo que queda por descubrir en el geoparque, probablemente mañana volvamos a arrancar.